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En busca del Bosque

La vida en el bosque

Fuimos bosque y siempre seremos bosque. Por más alejados que nos encontremos.”
(Ignacio Abella)

El paso de las estaciones y sus efectos sobre nuestro sentidos

Llevo tiempo intentando recordar cuantas estaciones se han sucedido desde que mis padres felizmente me engendraron. Durante ese tiempo más o menos largo, medido en el tiempo de los árboles, pues de ellos provengo, he experimentado toda una suerte de sensaciones que me han preparado para compartir la vida, no sólo con mis familiares y amigos, si no con todos los seres que habitan en el lugar en el que me encuentro…

Primavera

Tras esta montaña rusa de sensaciones noté la necesidad de germinar al calor del sol de la primavera y pude observar por primera vez, pues los árboles también observamos, la cantidad de seres que compartíamos este espacio llamado bosque…desde la más pequeña brizna de hierba hasta mis monumentales parientes, que alzan sus ramas al cielo buscando la luz del sol, tan necesaria para todos, mientras que para mi esta luz no me es suficiente para mantenerme con vida, por lo que sigo buscando la protección materna que me brinda la tierra, surcada por multitud de lazos (raíces) que me permiten seguir creciendo.

haya
Retoños de haya alimentados por su madre

Verano

Esta conexión que mantenemos resulta indispensable para crear una base sólida que posibilite un crecimiento sano y armonioso dado que en esta primera etapa el crecimiento es lento…Así, mientras veía multitud de flores y colores también escuchaba el zumbido constante de los insectos sólo superado por el canto virtuoso de las aves, lo que generaba un escenario de frenesí vital que mostraba el esplendor de la vida.

Este torrente vital esplendoroso repliega tímidamente al compás de la reducción de la luz solar y va encauzándose a medida que la oscuridad gana terreno. Se aproxima el otoño y los seres del bosque lo notan y yo, por supuesto, también….Es ahora cuando vislumbro la formación de frutos, que cada ser ha dedicado tanto esfuerzo y amor en concebirlos; son la siguiente generación con la que pronto compartiré este espacio maravilloso pero antes si quiera de que pueda llegar a suceder, han de recibir aún la luz que todavía necesitan para madurar.

maduración de frutos
Maduran las endrinas

Otoño

Es una luz diferente a la del verano, una luz menos cálida, más fría, un cambio en la coloración de la luz que se traduce en la aparición de nuevas tonalidades cromáticas en las hojas de mis paisanos, Así, van surgiendo colores amarillos sobre un fondo aún mayoritariamente verde que, según avanza el otoño va perdiendo representatividad en favor de los colores que me recuerdan a mi infancia.

Son los colores ocres los que evocan mi pasado pues recuerdo el manto de hojas sobre el que dormía antes de erguirme y elevarme buscando la luz. Aún elevándome y alejándome del suelo, de sus colores, rememoro mi “niño interior” y ahora que ya he acumulado algunas experiencias importantes, lo cierto es que de alguna forma sigo “jugando” cómo un niño con todos mis sentidos, pues de ellos dependo para encontrar mi bienestar.

colores del bosque en otoño
Otoño

Invierno

Por eso, ahora que llega el final del otoño, azuzado por el viento, el frío y la lluvia ha llegado el momento de descender sobre mi mismo, de hacer una introspección, deseando que me lleve nuevamente a encontrarme con una parte de mi ser en el que la sorpresa, el asombro, la belleza y la alegría de jugar a la vida me sigan permitiendo ser partícipe del magnífico escenario en el que vivimos que llamamos bosque.

 

Si alguien desea conocerlo les invito a que se acerquen a un bosque y se dejen llevar por sus sentidos, los frutos de esa experiencia permanecerán, no sólo en los hombres, mujeres y niños si no también en nosotros, los árboles, tan necesitados de atención y amor como vosotros….

De momento, y a la espera de que vuelva la luz y el calor de la energía del sol que fecunde la vida, será la luna la encargada de orientarme y protegerme con su luz, de cuidar y administrar mis frutos, de otorgarles ese poder nutritivo que sirva de alimento a todos los seres a los que doy cobijo…porque después de todo lo vivido, de poco sirve tanto tesón y esfuerzo si no puedo compartir los frutos de mi cosecha….

invierno
Invierno en el hayedo

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