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En busca del Bosque

Ya han caído las hojas, ya cayó la luz, llegó el invierno….y, con él, el frío, la nieve y toda una suerte de sensaciones que nos hacen volver al hogar, a casa…es tiempo de introspección y el bosque también nos lo recuerda a través de sus árboles, quienes nos hablan desde la desnudez de sus ramas, hasta hace bien poco vestidas con sus prendas coloridas. No necesitan abrigo, buscan resguardo en sus raíces, arropadas por un manto zurcido con esmero que integra magistralmente las hebras antaño soleadas, que ahora, una vez secas y despojadas de su verdor toman un color terroso, hilándose en torno a la gran rueca que las prepara para volver de nuevo a su hogar, a la tierra…

Escarcha

La vida se abre paso entre costuras, late bajo la renovada piel de hojas, en la oscuridad de las raíces, adentrándose y acomodándose en su seno al amparo del calor del regazo materno, mientras tanto, en el exterior las ramas son testigo de las idas y venidas de las aves, ávidas de primavera, de alimento, que encuentran en las bayas de hiedras, acebos y rosales silvestres…a la espera del despertar del letargo vegetal, de la resurrección, del nuevo ciclo, de la primera verdad.

Hasta entonces, la luz se muestra bajo el tímido sol de invierno, una luz azulada como el azul del cielo de un día despejado, que pronto deja paso a la luz blanca de la luna y de las estrellas de las largas noches, donde no hay sombras, solo oscuridad, quebrada por esquirlas de luz… Yemas de árboles desnudos, escarcha sobre la piel de hojas, brillo helado, fuego del hogar, chimeneas humeantes, aroma a leña quemada, olor a tierra mojada….un escalofrío recorre los cuerpos, estamos en invierno….

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